jueves, 24 de abril de 2014

La extinción final


Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.
Buda

    El Buda Shakyamuni murió en Kushinagar (1), tras estar predicando durante 45 años, acompañado de Ananda junto a otros discípulos y acomodado entre árboles, entrando así en el Nirvana. Tras su muerte, y según refieren varios documentos, acaecieron varios milagros.

    Tras su cremación sus restos de hueso (sharira) fueron repartidos en ocho proporciones, y junto a la urna que los contenían y la cenizas, se construyeron stupas en diversos lugares de la India para guardarlos.

    Tres meses después de su muerte varios de sus discípulos se reunieron en un concilio en Rajagriha (447 a.n.e.) para agrupar las enseñanzas del Buda y conservarlas, estableciéndose los escritos canónicos conocidos como Tipitaka (2). Aunque, por otro lado, no es probable que el canon budista haya sido establecido antes del siglo I a.n.e., y además existieron diferentes recopilaciones y no un único canon fijo.

    Durante los doscientos años siguientes a la muerte del Buda, el budismo se vio reducido al noreste de la India, pero en el siglo III a.n.e. tuvo lugar un acontecimiento de gran relevancia para la historia del budismo. El Rey Ashoka se convirtió en seguidor de sus enseñanzas aplicando el Dharma a una política social justa, con lo que éste pasó a trasformarse en una tradición espiritual universal al propagarse por diversos territorios.

    En resumen, Buda, tras despertar a su propia naturaleza original, aportó el camino para que todos los demás seres humanos pudieran experimentar también su naturaleza original y verse así liberados del sufrimiento.

NOTAS

(1)Ciudad situada al sudeste de Kapilavastu, su ciudad natal.
(2)El Tipitaka (cesto triple conocido por la versión en lengua pali) se divide en tres partes: Sutrapitaka (discursos de Buda), Vinayapitaka (reglas monásticas) y Abidharmapitaka (escritos doctrinales).

CONCEPTOS CLAVES

Stupa = monumento funerario que alberga parte de lso restos de hueso del Buda, sus cenizas o la urna que guerdó sus restos. Son diez y se encuentran en difenrentes lugares de la India.


C/ Cristobal Lozano nº 20
02400 Hellín (Albacete)
 670037355

martes, 22 de abril de 2014

El viaje



    Dos monjes van de viaje. En tres días no han visto más que a una vieja en el umbral de su cabaña. Fue ayer, les ofreció un poco de cebada tostada, ligada con té y mantequilla rancia. Aquella comida del día antes ya les había bajado hasta los talones. Tienen hambre y frío. De pronto, empieza a llover. El monje más joven se proteje como puede con parte de su manto. El mayor camina delante en silencio. Cae la noche sin que se vea en el horizonte ningún lugar en el que refugiarse, ningún templo, ni ermita, ni la más humilde cabaña. El sendero que siguen va a perderse a lo lejos, en la montaña. El joven novicio ya no puede más. No sabe dónde termina aquel interminable viaje.
- El templo zen no debe de estar lejos - dice para sí -; me parece que nos acercamos a Kamakura, pero ¿será ese nuestro destino?
    Rompiendo la estricta consigna de silencio, se atreve a preguntar a su superior, que avanza con paso firme:
- Maestro, ¿a dónde vamos?
- Ya hemos llegado - responde el maestro. 
- ¿Queréis decir que el final de la etapa de hoy ya está cerca?
- Aquí, ahora. Ya hemos llegado. - vuelve a responder el maestro.
    El novicio, espantado, mira el sendero pedregoso que se adentra en al bruma. A lo lejos, las temibles cimas se pierden ya en la noche. Tiene miedo, y frío, y hambre. Y de repente, en un claro, comprende. Se acuerda de las palabras que a menudo a oído repetir en el monasterio: El zen es un camino que va... En cada paso por ese camino, está incluida la eternidad. En el presente anida la vida, el oasis, lo infinito. Saboreo el presente; el pasado ya se fue y el futuro es sólo un sueño; sólo el presente es. Cuando despiertas a la verdad - dice un poema antiguo - , tu mente se vuelve brillante y luminosa, como un rayo de luna.
   Repitiéndose estas cosas, el novicio avanzaba en paz.

viernes, 11 de abril de 2014

Paciencia



La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces.

Proverbio sufi

lunes, 7 de abril de 2014

Silencio




No digas palabra alguna, si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.

Proverbio sufi

viernes, 4 de abril de 2014

La barca y los dos monjes



   Una tarde de otoño, la densa bruma esconde casi por completo el río Saitama. un monje y un joven novicio se disponen a atravesarlo en una barca ligera. Las aguas están amarillas y muy agitadas, se ha levantado un viento muy violento:
- Maestro, ya sé que nos esperan en el monasterio de Rishiko, pero ¿no sería prudente dejar para mañana nuestra visita? Podríamos comer una albóndiga de arroz y dormir en la cabaña de ramas que veo allá abajo.
- ....
   Puesto que su maestro guardaba silencio, Kasuku se resigna a embarcar, empezando a remar. De la otra orilla, no se ve más que una línea oscura perdida en la bruma.
- Maestro, el río es ancho y el viento que sopla de través nos impide avanzar como queremos.
- ....
  Pasan diez minutos, que a Kasuku le parecen una hora. Rema en silencio, pero con el corazón en un puño.
  De repente, suelta los remos y se levanta con el brazo alzado:
- ¡Maestro, maestro! ¡Mirad esa barca que sale de la bruma, viene derecha hacia nosotros!
- ....
- ¡Maestro, va a chocar con nosotros, nos va a romper la barca y a hundirnos! ¡Eh, oye tú! ¡Eh! Si cojo al que guía esa embarcación le arrearé tal bastonazo que le quitaré las ganas de andar poniendo en peligro a santos varones como nosotros...
- ....
- Maestro, mirad que la barca se está acercando cada vez más y que va a embestirnos con esa proa tan afilada. Ahora ya veo al piloto, ¡ese descerebrado está durmiendo tan tranquilo!
- ...
- ¡Maestro, que está muy cerca! ¡Por Budha! Maldito sea ese piloto criminal, ojalá el ciclo de sus renacientos se extienda un millón de años, ojalá sea un chacal, hiena, rata, chinche,...
  En ese instante crítico, un remolino oportuno, o una hábil maniobra de maestro, aleja el peligro y las dos barcas prosiguen indemnes su camino.
- ¿Te has fijado en el interior de la braca, Kasuku? - preguntó el maestro zen.
- Si, maestro. La forma que yo tomaba por un hombre era solo un saco de grano.
- Dime, Kasuku, ¿contra quién entonces te has encolerizado?

lunes, 31 de marzo de 2014

Nada que hacer



Siéntate en silencio, no hagas nada.
Viene la primavera, y la hierba crece sola.

Zenni Kushu

martes, 18 de marzo de 2014

El anillo



-Maestro, me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Los demás me dicen que no hago nada bien, que soy torpe, nadie me quiere. ¿Cómo puedo mejorar?¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después… -Y haciendo una pausa agregó: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y tal vez después pueda ayudar.
-Estoy a su entera disposición maestro -titubeó el joven.
-Bien -asintió el maestro. 
Se quitó un anillo que llevaba puesto en el dedo pequeño de la mano izquierda y se lo dio al muchacho, agregando:
-Toma el caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le ignoraban, hasta que un viejito se tomó la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
Después de ofrecer su joya a todo el que se cruzaba en su camino, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Entró a la habitación, donde estaba el maestro, y le dijo: 
-Maestro, lo siento pero no es posible conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro -Debemos primero saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. No importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
Llegó a la joyería, el joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó, y luego dijo: 
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? - exclamó el joven. 
-Sí -replicó el joyero -Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. 
Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo.
-Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.